Si su catálogo de filtros y recortes ya nos convirtió en artistas y dignificó nuestros viajes, la nueva actualización para iOS para Instagram aspira a que nuestra reputación de fotógrafos se mantenga. Tanto de forma automática como manual, el programa permitirá que los usuarios enderecen sus imágenes torcidas utilizando el sensor que, de serie, llevan todos los dispositivos iOS. Esta funcionalidad permite captar el grado de inclinación con el que se toma la instantánea, una referencia que Instagram tomará ahora para aplicar el mismo grado, pero a la inversa.

Después de meses probando, los ingenieros de la red de foteros no podían permitirse dejar cabos sueltos por lo que, además, la nueva actualización para iOS para Instagram contempla “el relleno” de los vacíos que una instantánea enderezada deja en los márgenes. Las esquinas que queden en blanco serán mejoradas con la inclusión de una función de zoom que no permitirá ni un espacio vacío. Instagram, además, lo ha pensado todo y no dejará enderezamientos de más de 45 grados para que las fotos no sean ampliadas en exceso y, con ello, pierdan su naturaleza y el encuadre con el que fueron hechas. Instagram no olvida que la gracia está en sacar al gato con una pata sobre la aspiradora, sabe que fotos de la cara ya tendrás muchas.

Pero, ¿qué pasa cuando el fotógrafo quiere voluntariamente hacer una foto artística en la que su modelo -cosa, animal, persona- aparezca de lado? Pues que tendrá que tener esta funcionalidad en modo manual para hacerlo el mismo posteriormente si lo quisiera.

Definitivamente, y los propietarios de tiendas de lienzos fotográficos lo saben, Instagram está llenando nuestra vida de visiones del mundo que ni nosotros mismos sabíamos que existían. Hay profesionales de la imagen que sufren bastante por ello, otros son conscientes de que se trata de mercados y objetivos distintos. Yo, personalmente, me pregunto hasta dónde llegará la perfección de Instagram. ¿Nos ofrecerá pronto un sistema para quitar las antenas de nuestros paisajes? ¿La peineta del primo petardo? ¿El espontáneo a un lado de nuestro retrato en Venecia? ¿La colega pesada a la que nunca debimos invitar? Por pedir…